Anclas, conectores con tu felicidad

Niños jugando en el agua

«La vida se vive sin engaños, sin manipulaciones, siendo dóciles a Dios y confiando en su Palabra, siendo como niños» – Mateo 18,1-5.

Dejamos atrás la arenosa carretera para adentrarnos en un sendero que poco se veía por el denso pasto pero que conocían de memoria. Solo quedaban unos pocos metros para adentrarse en un cafetal y escuchar con potencia, el correr del agua. La sombra que daba el bosque generaba un refrescante camio cambio de temperatura.

El camino llegaba justo a un pozo de agua, rodeado de tres grandes piedras que servían de muro para contener el agua. Un gran chorro caía sobre una piedra llana que estaba al fondo y que se perdía en la profundidad. Era época de lluvia y la cosecha de café estaba en su plenitud. El aroma de la pulpa dulce estaba por todas partes, entrando a los pulmones y activando los sentidos y el sonido del agua, tranquilizaba cualquier perturbación de tu mente.

Pronto, todos estaban dentro del agua chapoteándola por todas partes. Risas y gritos se escuchaban en medio de la vegetación. El más pequeño de todos, temeroso de sumergirse en el agua, jugaba a la orilla de la quebrada. Tomaba dos hojas de café y un una varita de la misma plata para hacer barcos que se sostenían por cortos tiempos sobre el aguan antes de que las ondas los hundiera.

Las anclas más hermosas corresponden a las experiencias de la niñez. ¿Cuál es tu ancla de la niñez que ate ayuda a aquietar tu mente y alegrar tu vida?

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